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"Apenas se bautizó Jesús, el Espíritu se posó sobre él"

08 Enero 2023

Apenas se bautizó Jesús, el Espíritu se posó sobre él. Charlando en una ocasión con un amigo musulmán, nos recriminaba a los cristianos que no nos tomábamos en serio los compromisos de nuestra fe, hablando especialmente de la Cuaresma (que ya hablaremos cuando llegue la ocasión) y los sacramentos. Y en cierta manera, tenía razón...

¿Qué implica para nosotros nuestro bautismo? Porque quizás la cuestión está ahí... El bautismo tendría que ser nuestra seña de identidad, es nuestra carta de presentación, es nuestra entrada a la comunidad cristiana, es el comienzo de un camino... ¡Hasta Jesús mismo se bautizó!

Casi la mitad de nuestra vida la pasamos preparándonos para una carrera, una salida profesional, un futuro... Y el bautismo también debería ser el comienzo de esta preparación para nuestro futuro... nuestro futuro como cristianos, comprometidos con nuestro mundo, comprometidos con la gente más necesitada, comprometidos por una sociedad más justa y solidaria, comprometidos con más manos y pies que se han puesto en camino...

No, deja de señalar hacia fuera. Es muy fácil señalar de que la culpa la tienen los curas, las monjas, los frailes... de que la Iglesia es de tal o cual manera (como si tú no fueras Iglesia...). Deja de echar balones fuera y sé sincero, sólo caben dos respuestas: "no me interesa" (opción 1) o "sí, es cierto, he vivido al margen de lo que supone ser cristiano" (opción 2). Si respondes la opción 1, ya sólo queda que en algún momento cambies de idea, pero al menos deja trabajar al que quiera hacerlo, sin ponerle la zancadilla, sin poner obstáculos. Si respondes la opción 2, tienes otras dos opciones: o seguir igual o querer intentarlo. Si optas por seguir igual, la respuesta será igual que la opción 1. Si optas por intentarlo, ¡enhorabuena! Dios te está esperando con los brazos abiertos para caminar contigo. ¡Manos a la obra!

 

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3,13-17

Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús

Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces Juan se lo permitió.

Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».