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Domingo 23º Tiempo Ordinario: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo”

06 Septiembre 2020

Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo. ¡Cuántas veces habremos escuchado aquello de "no voy a misa porque no tengo tiempo", o "tengo que estudiar/trabajar", o "es que la iglesia debería renovarse y no obligar a ir a misa"... Ayer precisamente tuve una conversación bastante amena con un viejo amigo sobre este tema y le comentaba que la Iglesia debería ser como la familia. Y me explico.

Durante la semana, y más ahora que empieza el curso, estamos cada uno a mil tareas entre el trabajo, los estudios, labores de la casa... Pero en mi casa, cuando era más pequeño, sabíamos que el domingo, y, a veces, incluso los sábados, era el día familiar. Nadie ideaba planes para ese día sin contar con mis padres, porque era el día que teníamos para estar juntos: íbamos al campo (de "perol" como se dice en Córdoba), o íbamos al pueblo, o a ver a la familia, o de excursión... y sí, también íbamos a misa. De hecho, íbamos toda la familia. Y no podía desvincular el ir a la misa de la familia. De hecho, me resultaba muy extraño ir a misa solo. 

La Eucaristía debe ser ese espacio donde nos reunimos toda la comunidad en sentimiento de familia. Después de una larga semana de ocupaciones, acudimos a la Iglesia, a descansar y ofrecer nuestras vidas, con sus más y sus menos. Ese es el sentido comunitario, el sentido de comunidad, de fraternidad. Pero es normal que cuando nos sentamos en los últimos bancos y separados de los demás (incluso mucho antes de que el dichoso "bicho" nos obligase a guardar el distanciamiento de dos metros), no sintamos vinculación con las personas (o mejor dicho, "hermanos", aunque nos cueste...).

Cuando podamos ir a la Iglesia, participar de la Eucaristía, sabiéndonos parte de ese comunidad cristiana, aprendiéndonos incluso algún que otro nombre de los que están allí, cuando sepamos acercarnos a las dificultades y vida de los demás (no hace falta el acercamiento físico)... cuando sepamos preguntar un simple "¿qué tal estás?", cuando sepamos acercarnos a la persona mayor y preguntarle "¿cómo se encuentra?", cuando sepamos lanzarle una sonrisa al tío serio que está al lado nuestra y decirle "buenos días/buenas tardes"... entonces podremos afirmar lo del Evangelio: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo. Que el distanciamiento social no nos distancie de la vida de nuestros hermanos, de la vida de nuestra comunidad cristiana, de nuestra familia...